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La tercera es la vencida
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  • Tiempos de guerra

    He librado muchas guerras en campos de batalla imaginarios
    El desfiladero por donde anda mi caballo parece no dar tregua
    A mi derecha la muerte, a mi izquierda una pared de piedra.

    Abismo de mis abismos, enigma de mis respuestas
    Me quede sin mañana y en el ayer tampoco te encuentras
    ¿Dónde habita la memoria de las cosas que no fueron?
    El eco del abismo me responde
    me devuelve la misma pregunta que le he hecho
    para recordarme que he hablado sola,
    le he gritado al viento.

    ¿Dónde habita la memoria de las cosas que no fueron?
    habitan en la triste paz de la derrota,
    y en lo que viene después de izar una bandera blanca:
    el silencio sepulcral, sepulcro de los anhelos.

    ¿Dónde habita la memoria de las cosas que no fueron?
    En la triste tranquilidad de los soldados derrotados
    cuyo consuelo es la penosa certeza de saber que ha terminado

    julio 28, 2026

  • Mundial del 2026 o el año en que México quedo campeón (en mi corazón)

    El Mundial llega como los años bisietos y al igual que ellos pareciera que el tiempo que abarca no existe en los demás años, se inventa para él ese verano y así sin más, todas nuestras tardes y nuestras pláticas y nuestros planes se impregnan de sus banderas. Un gol bonito no tiene más nación que la del fútbol y un momento va y ven de pelota intenso detiene el tiempo en lugares tan cotidianos como un supermercado. Dijeron que si el fútbol fuera un idioma sería el más hablado en el mundo y a mi me parece que cuando se juega fútbol la torre de Babel se cae a pedazos y todos hablamos un mismo idioma.

    El Mundial del 2026 fue el más importante de la historia (según mis datos) por qué Monterrey recibió cuatro partidos y yo asistí a dos de ellos. Grite cuatro goles de mi natal Japón y Marruecos me regalo los penales más importante de la historia del fútbol (otra vez estoy citando mis datos).

    Quisiera que no se acabará y que todo fuera siempre muy Feel it, got everything you needed Now bring it like you mean it Just like you mean it Dale, no olvide’ lo que vale ‘Juega como tú sabes Como tú sabe’… pero parte de su belleza radica en estas dos terribles certezas: que solo un equipo puede quedar campeón y que la fiesta y el descontrol en algún momento tiene que terminar. ¿Dónde me irá a encontrar el Mundial 2030? Espero que con salud, en Marruecos, con un montón de goles anotados en mi vida y una selección mexicana que esta vez y si sí? Puede ser campeona! 🫀

    julio 19, 2026

  • «Bajo el indiferente azul del cielo, esta meditación es un consuelo»

    El Viernes pase la tarde en casa de mi mamá cuidando de mi abuela. A mi abuela se le consume lo que le queda de vida en una recámara que solía ser mi recámara, sobre un colchón que solía ser mi colchón, con la luz del sol que entra por una enorme ventana que solía ser ventana y escaparate de una yo adolecente que soñaba con las posibilidades infinitas de la vida.

    A mi abuela la vida se le acaba, sus cartas ya fueron hechadas y la partida esta por terminar. El futuro se pliega y se despliega para llevarnos al que será nuestro destino y si tenemos suerte, el destino nos espera mucho más adelante. ¿Cómo aceptar que los personajes de mi propia historia irán siendo derrotados por el tiempo?

    En la habitación donde esta mi abuela muchas cosas que parecen importantes pierden su peso y un tsunami de preguntas sin respuesta amenaza mi tranquilidad, arrastrandome a la orilla de mis propios pensamientos donde siempre parezco ahogarme con las mismas meditaciones. La ambivalencia de la muerte me estremece, unas veces tan lenta y laboriosa, otras tan voraz como veloz.

    No hay realmente nada bello ni armónico ni poético en ver a alguien desaparecer poco a poco y sin embargo esta vulnerabilidad que a todos nos acecha, alimenta a los grandes escritores. Cada que estoy ahí pienso en el libro de Faulkner, ese que en la portada de la edición que leí tenía unos revolvers y cuyo nombre siento que es de mal agüero decir en voz alta.

    Mientras veo pasar el día contemplando a mi abuela, con mis pies sobre su cama y Gaudí el perrito de mi hermana a mi lado, la frase de Borges ronda mi cabeza en mayusculas y con negritas: YA SOMOS EL OLVIDO QUE SEREMOS… la recuerdo con insistencia pero fallo en recordar todo lo que dice después aunque se que es igual de importante:

    Ya somos el olvido que seremos. El polvo elemental que nos ignora y que fue el rojo Adán y que es ahora todos los hombres, y que no veremos. Ya somos en la tumba las dos fechas del principio y el término. La caja, la obscena corrupción y la mortaja, los ritos de la muerte, y las endechas. No soy el insensato que se aferra al mágico sonido de su nombre. Pienso, con esperanza, en aquel hombre que no sabrá que fui sobre la Tierra. Bajo el indiferente azul del cielo esta meditación es un consuelo. (Jorge Luis Borges)

    Al día siguiente, ósea este sábado, murió Gaudí. Era una muerte anunciada así que el viernes me la pase acariciando su peluchito todo lo que pude sabiendo que sería la última vez… como si uno pudiera saciar el anhelo futuro de lo que sabemos ya no ocurrirá. Me la pase llorando todo el fin de semana por todas esas preguntas sin respuesta, la ambivalencia, el principio de incertidumbre, el caos, la casualidad, la causalidad, la entropía y todas esas leyes físicas, filosóficas y del discurso que representan a la vida misma y que habitan en el guion de nuestro destino.

    Nadie lo dijo mejor que Gil de Biedman: Envejecer, morir… ese es el argumento de esta obra.

    Just stop your cryin’, it’s a sign of the times. We gotta get away from here. We gotta get away from here. Stop your cryin’, baby, it’ll be alright.They told me that the end is near… We gotta get away from here…

    julio 6, 2026

  • ¿Sueñan las palomas robóticas con migajas eléctricas?

    Sueñan las palomas robóticas con sus migajas eléctricas
    mientras duermen en nidos de fibra óptica
    sobre cables de alta tensión.
    Sueñan dentro del sueño de un hombre esquizofrénico que duerme en los sueños de un escritor.
    El escritor sueña con su loco, sin saber que su loco sueña
    con las palomas robóticas que ahora mismo lo vigilan desde el balcón.

    .

    junio 29, 2026

  • Dermatoglifo o: Dactilograma o: Como nacimos listos para ser catalogados

    Los limites de mi lenguaje son una correa que me impide ir más allá de mi propio entendimiento. El más allá es algo así como los bordes de la Tierra cuando se creía que la Tierra era plana y que en ellos se derramaba agua infinita en una catarata que caía hacia un vacío aún más infinito y misterioso. Todo aquello era una mentira de la imaginación y sin embargo generaciones de seres pensantes incluidos los mas ilustres de su época murieron creyéndolo una verdad absoluta por que la ignorancia es estupida y le gusta hablar alto y con convicción y por qué la mayoría prefiere el bálsamo de una falsa certidumbre que la aspera certeza de que el conocimiento es una torre que los humanos jamás terminaremos de construir.

    Quisiera poder manifestar en palabras el sentimiento que provoca en mí el uso que damos a las huellas digitales en nuestra época pero me da miedo terminar escribiendo una novela de Sci-Fi de esas que duran 1082 páginas para cuál ahorita no tengo tiempo y además nadie quiere leer. Podría decir simplemente que el asunto me intriga pero ese termino parece proceder y preceder a un sentimiento más secular que religioso, metafísico o filosófico y lo que yo siento habita en ese plano que es igual a los bordes en los que creían los terraplanistas.

    Los Mesopotamos, que vivían en el futuro de una forma rudimentaria, entendieron que las huellas eran distintas una de las otras y los mismos que en su desesperación inventaron la escritura, las usaron como una especie de firma de documentos. Nada de carácter burocrático me sorprende de ellos, pues si inventaron la escritura fue precisamente para poder contabilizar sus bueyes, registrar sus granos almacenados y reclamar sus cabras a los vecinos. Entre ellos y nosotros hay miles de años de distancia pero en todo ese tiempo permanece nuestra necesidad de foliar, archivar y catalogar y con ello hemos perfeccionado el arte de catalogarnos a nosotros mismos. La tecnología que nos permite identificar una huella es hoy tan barata, tan común, tan accesible… que me parece sospechoso que hayamos llegado hasta aquí. ¿Con que propósito nacemos con un patron «perenne, inmutable, diversiforme y original«?, ¿Por qué tenemos varios QRs en nuestras manos?, ¿Será que la tierra es un gran supermercado y nuestra huella no es más que un código de barras que permite identificar un item? o ¿Será que la mente humana tiene la necesidad de encontrarle utilidad a todo y este asunto de las huellas es una mera coincidencia? o ¿Causalidad o casualidad?, Si no es casualidad ¿Porqué necesitamos de maquinas para poder dar uso a nuestro etiquetado? o ¿Será que aún no logramos descubrir/desarrollar el método orgánico para servirnos completamente de dicha característica tan conveniente?…

    Entre dos edificios viejos de ladrillos posicionados en calles cuyo nombre es un numero, hay un pasillo oscuro y pestilente como el que constantemente nos quieren predicar en las películas cuya trama se desarrolla en «la gran manzana». Es el típico callejón donde un pordiosero encontraba cuerpos muertos en cualquier capitulo de La Ley y El Orden. Te puedo decir también que muy cerca hay un puesto de Hot Dogs y un Seven Eleven que abre 24 horas, aunque yo nunca lo haya visto, aunque yo nunca haya estado ahí pero es seguro que lo hay porque mi amigo que Sí ha estado ahí jamás me mentiría.

    Una vez cada seis años, a la hora del silencio, un pequeña puerta en ese pasillo se abre por doce minutos y todos los que logran entrar comparecen a una reunión ultra secreta que solo dura sesenta y seis minutos. Las palabras se me cruzan cuando intento describirte de que se trata esa reunión pero es que a mi amigo se le desencajaron las ideas desde que acudió a aquella cita y lo poco que sé lo he ido pegando como retazos de una fotografía que alguien hizo pedazos. No es que él fuera muy normal antes de todo esto pero al menos podías conversar con él por un buen rato lo suficiente como para que forjáramos una buena amistad.

    Mi amigo, cuyo nombre no puedo decirte, llegó a Astoria en un barco pesquero procedente de Rusia. Decía que el Océano Atlantico era más seguro y más pequeño que los infinitos pasillo del Archivo Nacional de Bielorrusia, donde trabajó desde los dieciséis años hasta la caída del bloque soviético. Fue ahí, una tarde cualquiera del setenta y tantos, donde encontró dentro de una versión cirílica y muy antigua de «las mil y una noches» la invitación. Tenia escrito en doce idiomas diferentes, entre ellos esperanto, persa y sumerio, la frase que le obsesiono para el resto de su vida «Todo aquello que el hombre no logra nombrar desaparece, todo aquello que el hombre nombra deja de existir» Con ayuda de su basta cultura y el acceso al caudal de conocimiento que tenia frente a él logro descifrar las fechas, las horas y el quién: Un hombre que podia rastrear su linaje genealógico hasta el mismísimo diluvio y cuyos ancestros mas recientes era los Holandeses que se habían asentado de la isla de Manhattan.

    Le tomo trabajo encontrar el dónde y perdió la siguiente reunión pues se había equivocado en una sola cifra y su calculo lo había traído hasta nosotros en Oregón que se encontraba en las «antípodas» del mismo país. Volvió a nosotros una vez que hubo cumplido su misión de asistir a una de aquellas reuniones pero no vivió para ver la siguiente pues su obsesión lo consumió completamente. Paso sus últimos días como un pordiosero recolectando etiquetas de productos, libros que botan a la basura, recetas y todo lo que encuentra. Deberías ver la torre de basura que dejo en todos y cada uno de los cuartos de su casa. No tomaba alcohol pero el día que alguien le regalo una botella de un Vodka soviético se emborracho de la mera nostalgia y dejo ir la lengua como jamás pensé que alguien podría y termino explicando a mi y a mis otros dos amigos la importancia de aquellas reuniones pues cada cierto tiempo alguien tenia que llevar acabo la sucia labor de decidir que conceptos desaparecerían lentamente de la realidad y cuáles permanecerían adheridos en nuestra memoria.

    Tras su muerte me dejo entre otras cosas la invitación que inicio todo esto, la cual según creía había sido dirigida a algún comandante Nazi durante la época de la ocupación, un hombre cuyos sistemas de organización de archivo aún seguían dando orden al lugar y quizá lo seguirá haciendo por los años venideros. Quisiera saber que hacer con este papel, que en las manos de un hombre común como yo no significa nada. Me queda eso y la manía de querer ordenar todo lo que antes ni si quiera creía necesario.

    “La humanidad no soporta un universo infinito” me dijo una vez “necesitamos catalogarlo”.

    mayo 25, 2026

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