Me trato de tomar muy en serio este asunto de ser feliz.
Es poco lo que pido: exceso de luz artificial, de colores,
visto desde lejos, en la oscuridad.
Puede que también haga falta un cielo despejado, profundamente oscuro,
a donde voltear para sentirnos libres mientras transitamos los abarrotados pasillos de la realidad.
No le creas a los que te dijeron que llegar a la feria significa diversión y que marcharse es sinónimo de aburrimiento. Un lugar no crea un sentimiento.
Ser feliz se trata de convertir tu mente en un lugar desde donde se pueda disfrutar la vida aún
sabiendo que nunca podremos escapar los axiomas o leyes de la realidad.
La vida es tan breve como una vuelta en la montaña rusa.
¿Me permites aferrarme a tu mano mientras en una banca
en movimiento descubrimos si las leyes de Newton tienen razón?
Ya te escucho decir que la leyes de Newton siempre tienen razón, no así los hombres que se sirven de ellas.
La vida es tan triquiñuelosa como un laberinto de espejos.
¿Me permites recordarte quien eres mientras tu infinito reflejo confunde la percepción de tu realidad?
Ya me escucho decirte que Borges amaba los espejos y que los amó aún después de ciego.
La feria es tan metáfora de vida: Tanto en la feria como en la vida pasaremos una hora en la fila para dos minutos de felicidad.
a lo largo del día los juegos andarán con o sin gente y nuestros paso por ese lugar sera breve.
Es cierto habrán muchas vueltas, pero aquella en la que los dos por fin logramos subir juntos, sera única, sera eterna.

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