Problema del trigo y del tablero de ajedrez

Con sus ocho por ocho casillas bicolor pudiera parecer que un tablero de ajedrez es inofensivo pero apenas mueves una pieza y la amenaza de enfrentarte al infinito se despliega frente a ti. Cada pieza en todo tablero tiene en cada batalla el mismo poder, el habitante de la casilla e8 esta resignado a mirar desde su posición como el ejercito enemigo comienza su caza. A pesar de su leve desventaja estratégica sabe que toda su suerte recae en la mano que lo mueve.

No sabemos muy bien quien ha realizado la victoria más espectacular en ese campo de batalla, incluso es posible que uno de esos tableros gigantes que colocan en los parques hayan visto una jugada mas impresionante que las piezas de marfil sobre una mesa de cedro del Líbano o un tablero sobre las mesas de plástico plegables en las que juegan los torneos mundiales. Tampoco tenemos una estadística real de cuantas han sido las victorias de las blancas sobre las negras en toda la historia de todos las partidas de ajedrez de todo el mundo. Aunque las estimaciones y estadísticas inclinan su balanza hacia las blancas con ayuda de las probabilidades matemáticas, una vez mas caemos en cuenta de que la mente que mueve las piezas es un factor mas poderoso que la simple ventaja de iniciar una partida

Se dice que el número estimado de partidas posibles es mayor que el número de átomos en el universo observable y sabemos bien que hay un punto en la mente humana en la que ciertas cifras son irrelevantes porque entre ellas y el infinito no hay mucha diferencia para nosotros.

Fuera del tablero la vida de quienes mueven las piezas no es mucho mas diferente que la de los mismos trebejos. Las ramificaciones infinitas de resultados tras cada decisión propia y las ramificaciones infinitas de opciones tras cada decisión ajena… En el ajedrez se acuña el termino Grand Master para referirse al nivel mas alto que un jugador puede aspirar dentro del tablero. En la vida real, es imposible de cuantificar y catalogar este nivel y los grandes jugadores tienen que conformarse con la admiración de aquellos que creen en las reglas del juego que han jugado, que han admirado cada partida y quienes han puesto fe en sus movimientos y han aplaudido sus resultados. Quizá «leyenda» sea el termino más cercano a esto, como ese hombre que humildemente pidió trigo al rey sin que nadie sospechara la magnitud de su jugada. ¿Cual ficha soy y que fichas ha movido mi oponente? Mas importante aun ¿Cual es ese oponente al que tengo que enfrentarme? De lo único que tiene certeza una mente pequeña como la mía, es que la victoria mas grande la tiene quien no tiembla ante el infinito que se despliega tras su desiciones, sin importar los resultados… son ellos siempre los grandes ganadores.

En su grave rincón, los jugadores 
rigen las lentas piezas. El tablero 
los demora hasta el alba en su severo 
ámbito en que se odian dos colores. 

Adentro irradian mágicos rigores 
las formas: torre homérica, ligero 
caballo, armada reina, rey postrero, 
oblicuo alfil y peones agresores. 

Cuando los jugadores se hayan ido, 
cuando el tiempo los haya consumido, 
ciertamente no habrá cesado el rito. 

En el Oriente se encendió esta guerra 
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra. 
Como el otro, este juego es infinito.
 

II 

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada 
reina, torre directa y peón ladino 
sobre lo negro y blanco del camino 
buscan y libran su batalla armada. 

No saben que la mano señalada 
del jugador gobierna su destino, 
no saben que un rigor adamantino 
sujeta su albedrío y su jornada. 

También el jugador es prisionero 
(la sentencia es de Omar) de otro tablero 
de negras noches y de blancos días. 

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

Jorge Luis Borges

Published by


Deja un comentario

Descubre más desde La tercera es la vencida

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo