los días que nos quedan

imagina uno, imagina dos, ahora imagina todos, todos los días que nos quedan. Ese número que nos es vedado pero que existe. Imagina cuantas cosas caben ahi: cuantos mares, cuantas risas, cuantas caras, cuantos nombres, cuantas tazas de café… Para llenar mi barco de esos tesoros he tenido que quemar mis naves.

Esos dias le pertenecen a un desconocido que lleva nuestro nombre pero que no somos nosotros. Con suerte sera mejor pero con certeza sera más cansado. Todo aquello forma parte de la antología «laberintos sin salida y acertijos sin respuesta» editado por las leyes de la existencia humana bajo la coleccion de » el peligro de estar vivos». Organicemos un foro para hablar sobre el doloroso espasmo de ver como nuestra generación se desgasta con conferencias magistrales sobre «La gravedad de la gavedad» y «la influencia de nuestra sombra tan persistente como el tictac del reloj».

No quiero ponerme melancolía: mi abuela ya no cocina, es más el supermercado donde surtiamos ya no existe pero aun siento el calor del plato en la mesa. Mi abuela ya no puede dar un consejo pero sus palabras aun retumban en el centro de mi tierra y parece que estan atoradas ahí como un eco que nunca se acaba

No quiero ponerme melancolía pero han logrado transmutar metales en oro: todo aquello que nos cabe en la imaginación, todo aquello bajo la categoría de imposible, es una mera cuestión de tiempo. Toda locura y toda cura caben en el despliegue de ingenio humano a través del tiempo. La cura a la demencia de mi abuela esta ahí, esperando ser encontrada.

Mi abuela y yo. Sin saber tome una foto de la última vez que pudimos tener una conversación normal.

Esta foto esta fechada Miércoles 22 de Agosto de 2018. Pase a saludar a mi abuela con pan dulce pero insistió en hacerme de comer aunque yo insistí en que ya había comido. Eran como las 4 y dije bueno… total me hecho un taco. Tome una foto del tenedor y termine con un recuerdo. Unos días después se caería y se rompería la cadera por segunda vez ya de dejándola sin movimiento y sin la posibilidad de volver a cocinar para alguien.

Esta foto es mucho mas reciente, aquí mi abuela anda en silla de ruedas. Salir al restaurant era lo que más la hacía feliz. Hoy es imposible porque la silla de ruedas nos queda corta. Hoy toda su memoria esta mezclada en un botadero de nombres, fechas y situaciones pasadas. No cabe ningún suceso nuevo ni ninguna situación efimera, es un bloc solido y atemporal: yo puedo ser una niña o estarme graduando de la universidad. En su memoria estamos extraviados todos los que alguna vez gravitamos en lo que hoy sabemos fueron sus días de gloria, el conglomerado de sucesos que llamamos vida.

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